el "R" express.

"Si cerramos la puerta a nuestros errores, también la verdad quedará afuera"

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Nombre: richi
Ubicación: Barrio de la Bohemia "Bellavista", en Santiago del Nuevo Extremo, Chile lindo., Región Metropolitana, Chile

Varón, heterosexual a mucha honra, adulto medio y con capacidad de asombro.Idealista y soñador. Amante del estudio, voraz lector, incansable caminante por la vida y las vías de mi ciudad; las relaciones con los seres humanos. Gustador del Cine de calidad, de la lectura, de la naturaleza y su belleza, los animales y flores, la fuerza y misterios de la Vida, la conversaciòn con otros. Sociabilizar, aunque de repente, contemplar y/o meditar en soledad.

sábado, septiembre 08, 2012

Un relato con pretensiones

Incluyo nuevamente un relato que anteriormente publiqué aquí y que se me ocurrió una tarde cualquiera...


El Examen



Armando se la quedó mirando fijamente. No acertaba a digerir lo que había escuchado a Elisa.

- Gordo, ¡vamos a ser papis de nuevo!

No soportaba en ella ese modo de seguridad innata y llena de desparpajo cuando se refería a temas de pareja o cualquier otra cosa que lo hiciese sentir desplazado.

- ¡¿ Qué?! Estás segura de lo que me dices?

- Pues claro, todas las mujeres estamos siempre seguras en estos temas.

Rotunda, afirmativa y segura. Ya sabía en la mañana, recién despertado que éste iba a ser un día diferente a los demás.
Con gesto cansino terminó de desayunar, tomó su chaqueta y preguntó:

- ¿Qué vas a hacer hoy ?

- Quedé de ir con Alba a revisar un mueble que le encargó a su decorador, ese muchacho francés que te conté el otro día y de ahí, lo más probable que almorzemos juntas para ir de compras en la tarde. Los niños se quedarán con la juanita hasta que vuelva.

- Ahh, ya. Bien, entonces estamos en contacto, salúdame a Alba.

- Chao gordito- le contestó mientras presurosa se metía al cuarto de baño para ducharse, con una cierta sonrisa insinuándose en la comisura de su hermosa boca.

Manejó todo el trayecto como ausente, con “el piloto automático” conectado...
Pensó en sus tres hijos, las mellizas Paulita y Carola y en el pequeño Carlitos, el mismo que apenas lo veía, estiraba sus pequeñas manitas para que lo tomara en sus brazos, con una sonrisa con hoyuelos que de inmediato borraba todos los sinsabores y cansancios de la jornada.

Ahora, a sus treinta y seis años, sentía que todos los años de privaciones habían valido la pena. El trabajo se había mostrado arduo y esquivo en sus comienzos pero después todo se había dado, inclusive cuando conoció a su actual mujer, Elisa, la hermana de una compañera de universidad, hermosa pero distante, con un áurea de indomable o mejor dicho de independencia, que le parecía casi como una segunda sombra. Recordaba claramente el gesto decidido de su mirar y el ondear de su cabellera suelta al caminar.

- Pero esto no puede ser!- pensaba- si ya tenemos nuestra vida formada…
además…¡¿Dónde carajo estará ese papel? Lo guardé en el tercer cajón del
escritorio…¡que raro es todo esto!

El día se le hizo eterno. Los pacientes preguntaban a su secretaria si el doctor San Martín estaba bien ya que lo notaban ausente y como poco preocupado cuando justamente, Armando San Martín se había hecho de una importante clientela por su alto grado de empatía y consideración que mostraba hacia todos aquellos que acudían a él, en busca de un gesto amable durante los momentos que los veía a todos con dolor, la cara crispada o páteticamente con la boca abierta, mientras procedía a tapar caries, arreglar frenillos y otras actividades propias de la profesión.

Tomó el auricular y le dijo a su secretaria:

- Rosita, comuníqueme con el doctor Sandoval por favor.

- Como no doctor.

Dos minutos después, la voz un tanto meliflua de la eficiente Rosita:

- Doctor, el doctor Sandoval al otro lado de la línea.

- Aló! Como estás muchacho, Armando al habla…

- Hola Armando! Que dices bandido, ¿haciéndote rico como siempre?

- Mira, la verdad es que el trabajo ha decaído un poco. Con esta comida chatarra a base de puras masas y grasas, no es mucho lo que los dentistas podemos mejorar, pero ¡oye! No te quiero quitar más tiempo, tu amigo el doctor Villagrán volvió de su viaje?

- Tengo entendido que sí, andaba dando conferencias en Egipto acerca de su especialidad, ¡tú sabes como piensan los árabes al respecto! por qué, ¿quieres hablar nuevamente con él?

- Sí, un paciente me hizo una consulta y quiero orientarle, por eso necesito hablarle.

- Muy bien entonces, te recuerdo su dirección… Espero que nos veamos luego, uno de éstos días porque te quiero presentar mi nueva amiga! Saludos a tu buenamoza esposa. Chaíto muchacho ¡cuídate!

- Chao viejo, gracias!

Una especie de pudor le hizo comunicarse con el doctor Villagrán directamente sin el concurso de Rosita.

Llegó al enorme edificio de consultas médicas que se empinaba en la moderna avenida. Como todas las construcciones del sector, era de altura imponente y con su fachada cubierta de vidrios, tal vez para aprovechar el reflejo del sol y así iluminar más el entorno, o tal vez para reflejar la indiferencia y automatismo de los que por allí transitaban mientras la ciudad seguía su ritmo afiebrado de actividades.

Una hora y media más tarde, apareció en la acera frente a la entrada del edificio en que remedos de jardines luchaban impotentes para sobresalir entre tanto vehículo aparcado. Caminó lentamente hacia su auto y lo puso en marcha.

- ¿Porqué, porqué?- era la pregunta que le martillaba su cerebro mientras una sensación de ahogo indefinible, una especie de náusea existencial amenazaba con subirle desde el pecho hacia todos sus miembros entumecidos sin darse cuenta cabal de los gestos enfurecidos que le dirigían otros conductores mientras conducía.

Llegó a su casa al oscurecer y se estacionó detrás del auto que le había regalado a Elisa la navidad anterior dado el carácter independiente de su mujer.

Los niños al parecer ya estaban acostados pues no salieron en tropel acompañado de alegre algarabía a recibirlo como lo hacían a menudo, a pesar de las observaciones de la madre respecto a su comportamiento. Elisa estaba ojeando una revista con un gesto ligeramente desabrido y lo saludo con un fugaz beso en la mejilla.

- Gordito, mon chèrie, tu mamá avisó que vendría el fin de semana a almorzar y que por favor, te comunicaras con ella, pues te tiene un recado de tus hermanas. Ahh! yo ya comí algo con Alba así que te dejo un momentico ¿ya?

- Puajjhh – cuando salía con esos “momenticos” que se le habían pegado en su viaje el
verano pasado a Cartagena de Indias con dos de sus amigas, a pesar que él había hecho reservas en ese hotel en el sur al lado del lago donde estuvo más de quince días con los niños y la juanita que se los cuidaba antes que ella se apareciera, radiante, feliz, libre, como sólo ella podía ser, la verdad es que no lo soportaba.

- Señor, que se va servirse?

- No sé juanita, no tengo apetito, déme un té bien cargado por favor. Ahh! y un vaso con
pisco puro.

Se dirigió como autómata a su escritorio mientras se sacaba el nudo de la corbata y donde
comenzó a buscar calmadamente primero, febrilmente después, el famoso papel que sabía, debía estar por algún lado. Recordó claramente cuando en un loco impulso tomó la decisión sin decirle nada a su mujer para darle una sorpresa, ya que ella en más de una ocasión se lo había insinuado.

- Ahh! Aquí estás, a ver, a ver, que es lo que dice este examen, ya ni me acuerdo!

Parece que lo leí superficialmente ese día ya que tuve que organizar el viaje de
vacaciones con los niños. A ver…

Una palidez cadavérica cubrió su rostro mientras un temblor incontenible se apoderaba de todos sus miembros por lo que tuvo que sentarse.

En efecto, el examen remitido por el doctor Villagrán en esa oportunidad, le confirmaba que , aparte de haber sido exitosa, también era irreversible la Vasectomía que fue hecha un año atrás.

Agregaba un felicitación por lo asertado del examen.