Recordando a la poetisa Nina Donoso.
Vuelve a la casa de la enredadera
compañero de tantas romerías
y deshagamos otra vez las sendas de los parrones y las rosalías.
Que el crepúsculo aquel en que dejaste
tu puñado de huesos ateridos
se me obscurece cada vez más tarde
sin el reparo de tu acento amigo.
Vuelve a la silla junto a la ventana,
a la música en versos compartida,
a la nocturna soledad que afana
la búsqueda de Dios en cada herida.
Que no sé caminar ni tengo gana
de andar por esta vida sin tu vida!
compañero de tantas romerías
y deshagamos otra vez las sendas de los parrones y las rosalías.
Que el crepúsculo aquel en que dejaste
tu puñado de huesos ateridos
se me obscurece cada vez más tarde
sin el reparo de tu acento amigo.
Vuelve a la silla junto a la ventana,
a la música en versos compartida,
a la nocturna soledad que afana
la búsqueda de Dios en cada herida.
Que no sé caminar ni tengo gana
de andar por esta vida sin tu vida!

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