el "R" express.

"Si cerramos la puerta a nuestros errores, también la verdad quedará afuera"

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Nombre: richi
Ubicación: Barrio de la Bohemia "Bellavista", en Santiago del Nuevo Extremo, Chile lindo., Región Metropolitana, Chile

Varón, heterosexual a mucha honra, adulto medio y con capacidad de asombro.Idealista y soñador. Amante del estudio, voraz lector, incansable caminante por la vida y las vías de mi ciudad; las relaciones con los seres humanos. Gustador del Cine de calidad, de la lectura, de la naturaleza y su belleza, los animales y flores, la fuerza y misterios de la Vida, la conversaciòn con otros. Sociabilizar, aunque de repente, contemplar y/o meditar en soledad.

viernes, diciembre 13, 2013

Sensaciones Encontradas...


Caminando despaciosamente por el costado del macizo y vetusto muro que sirve de perímetro al Cementerio General rumbo al Hospital San José para retirar unas radiografías, diviso a través de un ventanal, algo en penumbras dentro de unas de las dependencias administrativas del cementerio, enhiesto, oscuro y con luces algo pálidas, un árbol navideño... Me detengo y observo con atención, pues me cuesta imaginar un lugar así para esperar al viejo pascuero, símbolo de la vitalidad alegre con inocencia y la entrega de obsequios junto a muchos, por no decir todos, nuestros buenos deseos para los seres queridos.
Un lugar de término para muchos que nos han antecedido acompañados las más de las veces, por fuertes desgarros de dolor y de impotencia en quienes les acompañan, es por decir lo menos, lo más antagónico para que aparezca dicho símbolo de fiesta creo yo.
Sigo mi camino, siempre bordeando el muro protegido de un sol que ya se anuncia inclemente por añosos árboles de ésa avenida hasta colindar con la entrada del Hospital. Allí rostros esperanzados, resignados, adoloridos, sufrientes, molestos, tensos, atentos, muchos con un tremendo cansancio delator de noches y momentos de angustia e insomnio por las mordeduras crueles de los males del cuerpo junto a niños inquietos y reclamando a viva voz las inclemencias de largas esperas en brazos de sus madres u otro pariente adulto en eternas filas para preguntar por trámites menores, o quizás no tanto, matizan mi deambular en busca de mis exámenes que felizmente me entregan gentilmente de una ventanilla.
Me detengo pues y observo. Nadie de los que se me cruzan por delante, parece tener entre sus prioridades un árbol navideño en ese momento...en cambio sí lo hay en dependencias del cementerio...
Un hospital público creo yo, es el lugar ideal, especialmente para muchos jovencitos y jovencitas, niños y adultos mimados de la fortuna, para aprender que no todo en esta vida es comprar y comprar en los malls, o estar pendientes de las apariencias o ir a recitales de moda o ser atendidos prontamente cuándo ellos lo solicitan por medio de un autoritario gesto en algunos lugares. En medio de los olores de un pueblo sufriente, de los "Humillados y Ofendidos" que mencionaba Dostoyesvski, tal vez valoren mejor los perfumes que las circunstancias de la vida les ha colocado a su alcance.
Ya otra vez en la calle, y aprovechando que soy dueño de mis horas en ese momento, nuevamente transito por los viejos murallones del camposanto hasta ingresar al mismo por un portón grande, algo desvencijado y metálico cercano al antiguo hospital dónde las historias y testimonios de ultratumba y aparecidos son el pan de cada día para la gente del sector, y recorro con detención los nichos adosados al grueso muro, hasta encontrar lo que busco: el lugar del eterno descanso de mi abuelo paterno quién está en compañía de su propia madre y dos hermanas.
Ancestros que obviamente no conocí, pues todos partieron a principios de la década de los veinte y de los cincuenta. Mi abuelo que era de carácter al estilo de los "Grandes Señores y Rajadiablos" de antaño, tuvo la descortesía de partir meses antes de mi nacimiento.
Unos pasos más allá, otra placa dónde está yaciente una hermana de mi padre, llamada a lados del creador siendo muy niña a mediados de los años treinta. Entretanto, una pequeña mariposita de colores algo oscuros, revolotea entremedio de las flores allí presentes, dejando un aleteante testimonio que la vida continúa...
Caminando en medio de una paz ideal por los senderos entremedio de las tumbas, tomo un desvío que me lleva al parque del cinerario y de pronto la veo...es de unos tres a cuatro centímetros de longitud, de movimientos agilísimos, inquietos, impredecibles, veloces, un cuerpo oscuro e iridiscentemente metálico coronado por unas espectaculares alas grandes y anaranjadas.
Una avispa de especie no identificada con las antenas alertas, investigando cada recodo del suelo, cada montículo de hojarasca, cada accidente del terreno por si tropieza con la potencial presa que saciará su hambre y el de sus crías. Sobre ella vuela a modo de un avión caza de protección, un congénere que le protege desde lo alto.
Miro desde una respetuosa distancia el avatar de la naturaleza expresado en ese ciego instinto en movimiento y luego continúo mi camino.
Escandalosos y beligerantes zorzales junto a modosas y tímidas tórtolas se me cruzan por delante hasta que llego al parque del cinerario, dónde mantengo un silencioso diálogo con la huella de mi padre presente allí.
La paz del parque que me rodea junto a sus ruidos propios provocados por el canto y bullicio de las avecillas que allí viven, es realmente gratificante...y todo dentro de un lugar de penas y separaciones permanentes, en pleno centro de una palpitante, vital y atolondrada ciudad.
Hasta el golpeteo en un árbol cercano de un carpinterito menor, avecita bastante esquiva en los centros urbanos es claro y vital.
Me encamino hacia la salida de dicho lugar, no sin antes pasar delante del sepulcro de la "Carmencita", colorido lugar de culto popular, una "Animita" ,donde los juguetes colgados de árboles cercanos y los más diversos artículos de vivos colores hacen pensar en un lugar de recreo para niños.
Casi un lugar turístico me digo cuándo en eso le veo...
La entrada a un pabellón o callejón completo de nichos con guirnaldas, adornos y dos sendos y orondos pinos navideños destellan en mis pupilas.
Me acerco pensando que es algo como un espejismo pero no, en efecto, es el más diferente ambiente navideño que he visto en toda mi vida; lamento la ausencia en mis manos de mi cámara fotográfica no sin antes comprometerme conmigo mismo a volver lo antes posible para dejar testimonio gráfico del lugar y momento. Increíble...
Ya enfrentado a la salida del cementerio por la avenida Recoleta, miro de nuevo hacia atrás y me asombro: primero de la fuerza eterna de las maravillas de la vida en toda circunstancia, manifestada en esos pequeños seres observados en dicho lugar de paz y recogimiento, y segundo, de las insondables profundidades del sentir y creer humano.
En definitiva, una mañana de Sensaciones Encontradas...