el "R" express.

"Si cerramos la puerta a nuestros errores, también la verdad quedará afuera"

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Nombre: richi
Ubicación: Barrio de la Bohemia "Bellavista", en Santiago del Nuevo Extremo, Chile lindo., Región Metropolitana, Chile

Varón, heterosexual a mucha honra, adulto medio y con capacidad de asombro.Idealista y soñador. Amante del estudio, voraz lector, incansable caminante por la vida y las vías de mi ciudad; las relaciones con los seres humanos. Gustador del Cine de calidad, de la lectura, de la naturaleza y su belleza, los animales y flores, la fuerza y misterios de la Vida, la conversaciòn con otros. Sociabilizar, aunque de repente, contemplar y/o meditar en soledad.

lunes, abril 16, 2018

De pasar, mirar y ver...


El parque forestal en estos días comienza a vestirse de gala. Los tonos ocres de las hojas que empiezan a hacerse notorios, algo amenguados sí por la fuerza destructiva del Smog, le dan ese... no sé qué...viste?
Es como un trocito de Montmartre o Montparnasse ( haciendo trabajar a full la imaginación ), enclavado en pleno corazón de este Santiago del Nuevo Extremo.
Obviamente nuestro mapuche y torrentoso Mapocho tiene algunas obvias diferencias con la placidez del Sena, pero algo es algo.
Vuelvo de mi ardua jornada de trabajo, caminando sobre algunas hojas que crujen con suave sonido por el rigor de mis pisadas, y comienzo a oír en la lejanía cercana del barrio, el constante tañido de algunas campanadas...
Curiosamente, he tenido tal vez la suerte de vivir parte de mi vida siempre cerca de una iglesia. Suerte no tanto por las misas u otros oficios, que los encuentro unos ceremoniales rígidos y muchas veces poco sinceros o demostrativos por algunos que acuden a ellos y/o a los que las ofician, con sermones y palabrerías alejadas del amor de Cristo, amor alegre e incondicional, de salvación, vital, que señala una divina doctrina de vida en vez de muchos anuncios de agoreros castigos para nuestras debilidades humanas.
Mi suerte ha sido, que siempre he podido asociar el sonido de esas campanadas que vuelan por los aires de diversas barriadas, a las más puras expresiones de una cierta poesía...
Las palabras siempre tan terrestres, algunas veces se lucen como esos sonidos de bronce, potentes, cantarinos, amplios y envolventes que descienden desde los altos de los campanarios.
Pero a los hombres de hoy, apegados a sus celulares, I pods, Tablets, etc., esos sonidos majestuosos no les interesan o al menos no intentan que así sea... Prefieren sumergirse en la masa virtual y palpitante de las ondas electromagnéticas inmediatas.
Por cierto es un gran equívoco pensar que la poesía está sólo en algunos librillos desabridamente impresos las más de las veces. En realidad, la poesía que podría ser definida ilusamente como la armonía de las sutilezas, está en la vida, las luces, los colores, los aromas, las miradas sinceras, una esperanza, un dolor, la nostalgia, el amor, la pobreza digna de las esforzadas mujeres de pueblo, el trinar del canto de alguna avecilla de las cercanías, el calor generoso de una sabrosa empanada, de los pequeños arco iris de las alas de las mariposas, el ondulante movimiento de una vela que rompe la penumbra, el soberbio acorde de un concierto de piano, el sabor de una marraqueta fresca y calientita, una taza de café y tantas, tantas otras cosas que nos rodean...
Los libros de poesía en realidad, hablan de poesía de segunda mano, reflejos de esta otra siempre sutilmente presente en nuestra vida, siendo el poeta nada más que un simple traductor.
En una de las casas de mi infancia, escuchábamos por las tardes el repicar urgente y vital de las campanas de nuestra iglesia cercana frente al gran almacén de la esquina. Creo que ellas de alguna manera influyeron en mi manera de sentir el mundo, al menos en el hecho de prestar algo más de atención a lo que ocurría en las alturas.
Hoy, aunque no veo muy cercana una iglesia, escucho ciertas tardes su llamado nostálgico pero siempre noble y poderoso. Son esos momentos en que rescato trozos de mi niñez, libre y soñadora, en que vuelvo a caminar y jugar por esas calles, y que parte de mi corazón sigue viviendo allí y que hacen parecer falso que ya hayan pasado tantos años de un tiempo que a fuerza de alargues, consiguen robar un trozo de eternidad...