Remembranzas a la luz y calor del fuego...
Hoy fui a conocer un tío.
Me miró pero no me dijo nada. Estaba rodeado de muchos compañeros pero tan silenciosos como él, aunque todos estaban correctamente de gala y sus miradas serenas o risueñas...
La familia- en mi opinión- una de las más importantes creaciones de la humanidad junto con el lenguaje y la escritura, siempre tiene o guarda historias que con el pasar del tiempo se tornan algo míticas, especialmente si las oímos siendo niños, y así como en ocasiones no faltan algunas ovejas negras, también están aquellos que con una enorme generosidad y espíritu de servicio, - una de las formas del amor al prójimo, - cruzan la puerta de los héroes o mártires con la suprema ofrenda de su vida y viven debido a esto, por siempre en el recuerdo de la familia y de la sociedad entera...
Antes de presentarlo, contaré un recuerdo de que cuando niño, (parece que fue entre el 15 o 17 de noviembre del 62, y contaba con ingenuos 10 años apenas), me escapé solo a las calles del centro de Santiago, la Calle Esmeralda entre ellas y las que rodean a la Comandancia del Cuerpo de Bomberos de Santiago, para ver el masivo y solemne funeral de seis voluntarios fallecidos en una de las peores tragedias que ha abrazado a los "Caballeros del Fuego" de nuestro querido Chile.
En aras del cumplimiento generoso y disciplinado del deber, no se dieron cuenta de la gigantesca muralla que se les venía encima producto del incendio que habíase originado en las calles de Amunátegui con Huérfanos, en esta ciudad en la madrugada del 15 de noviembre de 1962.
Todos jóvenes, pletóricos de ideales y sueños, pero que tuvieron su cita impostergable con su destino...
Adjunto sus imágenes, presentes en el pabellón de los mártires del Museo que está abierto en el edificio de la Comandancia, en pleno centro de Santiago, a pocos pasos de la Plaza de Armas.
Al mirarles sus juveniles y viriles rostros, es imposible dejar de imaginarse la historia de vida detrás de todos y cada uno de ellos...sus personalidades, su sentido del humor, sus dolores y sus amores, sus afanes y esperanzas, sus familias, en fin, sus vidas plenas que fueron aplastadas en medio de las sombras de la noche, pero que ello no fue impedimento para que entre las ruinas, emergieran sus nobles espíritus subiendo prestos por una inmortal escalera al cielo...
Recuerdo que durante el sepelio y en
medio del plañidero y dolido ulular de
los carros bombas, pero rodeados de un respetuoso silencio de hombres y
mujeres que se volcaron a decirles un
sentido adiós, el sonido de los tacos de
zapatos y botas de los escuadrones
de sus compañeros, resonaban con
algo de metálico en los adoquines de
las calles, repercutiendo de este modo, en todos los corazones presentes, aún en el mío de niño...
Mientras tanto en mis oídos sonaba también de forma persistente el tema recién escuchado en la radio y dado a conocer del ídolo rockcanrolero de la época, Elvis Presley, "Return to sender" (Devuélvase al remitente), el que debido a lo monocorde de su armonía de fondo junto al coro de voces masculinas que le acompañaba y por esas conexiones o asociaciones misteriosas de la mente, quedó por siempre asociado a un momento dramático y de tristeza de mi mocedad...
Hecho este paréntesis, ahora sí que presento a mi tío, muerto el 18 de mayo de 1944, a quién por obvias razones, no conocí.
En realidad era un primo de mi madre por parte de la rama materna de la familia pero de quién muchas veces escuché hablar en mi infancia de él, de las circunstancias de su partida, y de lo dramático que resultó el saber de la silenciosa y fiel espera sin esperanza de ningún tipo por parte su perro cocker esos días, el que inquieto lo buscaba por toda la morada con ese sonido como llanto aspirado que emiten estos nobles compañeros frente a lo que intuyen cuando sufren y tienen miedo.
Lo esperó y esperó hasta que al parecer su pobre corazón no pudo más, y quedó tendido a la entrada de ese hogar, junto a un par de pantuflas de descanso.
Mi tío, César Augusto Salas Bravo, acudió presto en la madrugada al llamado de la emergencia en una edificación de calle Bandera con Moneda ese 18 de mayo, subiendo al segundo piso para reemplazar al pitonero que estaba en ardua lucha con el fuego, para que éste pudiera recuperarse.
En ese momento, también el destino llamó a su puerta justo en el instante que una gran caldera con agua hirviente como consecuencia del siniestro, se reventó y se le derramó encima produciéndole espantosas quemaduras.
Fué llevado aún lúcido a la clínica alemana donde expiró a las pocas horas como lo hacen los valientes, sin quejarse.
Así luce en su uniforme verde (por el color de la Esmeralda, y nombre de la gloriosa corbeta del combate de Iquique) de la 5° Compañía y que lleva el nombre de "Compañía Arturo Prat", situada al comienzo de la calle Nataniel, cerca de la entrada por la Alameda.
Comparte pues silencioso y junto a otros compañeros de su misma condición, los antiguos y nobles muros que el Museo destina para recordar permanentemente a sus mártires en el cumplimiento del deber.
Una breve referencia de la 5° Compañía "Bomba Arturo Prat", nos señala que fue creada por un puñado de jóvenes idealistas por allá en diciembre de 1873, y sabido el resultado de la gesta de Iquique, la bautizaron con el nombre de su héroe máximo, Arturo Prat.
Pues bien, en esta honrosa entidad fue que mi tío demostró su nobleza, trabajo y disciplina cuando la puerta que lo llevó a las alturas del trabajo bien hecho y el deber cumplido con generosidad y honor, le permitieron el paso a su inmortalidad en el recuerdo de los hombres.
Podemos ver abajo una imagen que nos muestra la actitud de alerta desenfado y prestos a cumplir con una noble misión , a aquellos señeros idealistas que fundaron a "la quinta" en aquellos ya remotos días...
Con mi apariencia tal vez de extranjero, unas veces quizás de judío errante o incluso de pastor griego, cuando vago y camino por las calles de la ciudad, he tomado conciencia del monumento frente al cual la muchedumbre apurada o indiferente, ensimismada las más de las veces en interpretar las imágenes o símbolos que aparecen en las pantallas de sus fonos celulares de última generación, he tomado conciencia repito, del monumento al heroísmo y total humanidad del Bombero Voluntario de Chile que silencioso se yergue de forma humilde, algo escondido y para nada bien mantenido en la confluencia de las calles Sto. Domingo y Mosqueto, a breves pasos del costado del Museo de Bellas Artes en el Parque Forestal.
Pocas veces lo he visto con homenajes de flores u otros debido al reconocimiento agradecido de los conciudadanos; al contrario, antes había cerca de allí un templo a la bohemia donde sus fieles parroquianos se desaguaban después de una noche de jarana aprovechando lo oscuro y semiescondido del monumento del cual agrego una imagen.
De ahora en adelante, y con el camino señalado por mi pariente, cada vez que vea o veamos el paso acelerado de un carro bomba ululando fuerte rumbo a una emergencia, pensaré o pensaremos que lo hace así para espantar las emociones y el fuego potente dentro del corazón de cada uno de ellos, que los abrasa y los quema en función del llamado del deber...
Me miró pero no me dijo nada. Estaba rodeado de muchos compañeros pero tan silenciosos como él, aunque todos estaban correctamente de gala y sus miradas serenas o risueñas...
La familia- en mi opinión- una de las más importantes creaciones de la humanidad junto con el lenguaje y la escritura, siempre tiene o guarda historias que con el pasar del tiempo se tornan algo míticas, especialmente si las oímos siendo niños, y así como en ocasiones no faltan algunas ovejas negras, también están aquellos que con una enorme generosidad y espíritu de servicio, - una de las formas del amor al prójimo, - cruzan la puerta de los héroes o mártires con la suprema ofrenda de su vida y viven debido a esto, por siempre en el recuerdo de la familia y de la sociedad entera...
Antes de presentarlo, contaré un recuerdo de que cuando niño, (parece que fue entre el 15 o 17 de noviembre del 62, y contaba con ingenuos 10 años apenas), me escapé solo a las calles del centro de Santiago, la Calle Esmeralda entre ellas y las que rodean a la Comandancia del Cuerpo de Bomberos de Santiago, para ver el masivo y solemne funeral de seis voluntarios fallecidos en una de las peores tragedias que ha abrazado a los "Caballeros del Fuego" de nuestro querido Chile.
En aras del cumplimiento generoso y disciplinado del deber, no se dieron cuenta de la gigantesca muralla que se les venía encima producto del incendio que habíase originado en las calles de Amunátegui con Huérfanos, en esta ciudad en la madrugada del 15 de noviembre de 1962.
Todos jóvenes, pletóricos de ideales y sueños, pero que tuvieron su cita impostergable con su destino...
Adjunto sus imágenes, presentes en el pabellón de los mártires del Museo que está abierto en el edificio de la Comandancia, en pleno centro de Santiago, a pocos pasos de la Plaza de Armas.
Al mirarles sus juveniles y viriles rostros, es imposible dejar de imaginarse la historia de vida detrás de todos y cada uno de ellos...sus personalidades, su sentido del humor, sus dolores y sus amores, sus afanes y esperanzas, sus familias, en fin, sus vidas plenas que fueron aplastadas en medio de las sombras de la noche, pero que ello no fue impedimento para que entre las ruinas, emergieran sus nobles espíritus subiendo prestos por una inmortal escalera al cielo...
Recuerdo que durante el sepelio y enmedio del plañidero y dolido ulular de
los carros bombas, pero rodeados de un respetuoso silencio de hombres y
mujeres que se volcaron a decirles un
sentido adiós, el sonido de los tacos de
zapatos y botas de los escuadrones
de sus compañeros, resonaban con
algo de metálico en los adoquines de
las calles, repercutiendo de este modo, en todos los corazones presentes, aún en el mío de niño...
Mientras tanto en mis oídos sonaba también de forma persistente el tema recién escuchado en la radio y dado a conocer del ídolo rockcanrolero de la época, Elvis Presley, "Return to sender" (Devuélvase al remitente), el que debido a lo monocorde de su armonía de fondo junto al coro de voces masculinas que le acompañaba y por esas conexiones o asociaciones misteriosas de la mente, quedó por siempre asociado a un momento dramático y de tristeza de mi mocedad...
Hecho este paréntesis, ahora sí que presento a mi tío, muerto el 18 de mayo de 1944, a quién por obvias razones, no conocí.
En realidad era un primo de mi madre por parte de la rama materna de la familia pero de quién muchas veces escuché hablar en mi infancia de él, de las circunstancias de su partida, y de lo dramático que resultó el saber de la silenciosa y fiel espera sin esperanza de ningún tipo por parte su perro cocker esos días, el que inquieto lo buscaba por toda la morada con ese sonido como llanto aspirado que emiten estos nobles compañeros frente a lo que intuyen cuando sufren y tienen miedo.
Lo esperó y esperó hasta que al parecer su pobre corazón no pudo más, y quedó tendido a la entrada de ese hogar, junto a un par de pantuflas de descanso.
Mi tío, César Augusto Salas Bravo, acudió presto en la madrugada al llamado de la emergencia en una edificación de calle Bandera con Moneda ese 18 de mayo, subiendo al segundo piso para reemplazar al pitonero que estaba en ardua lucha con el fuego, para que éste pudiera recuperarse.
En ese momento, también el destino llamó a su puerta justo en el instante que una gran caldera con agua hirviente como consecuencia del siniestro, se reventó y se le derramó encima produciéndole espantosas quemaduras.
Fué llevado aún lúcido a la clínica alemana donde expiró a las pocas horas como lo hacen los valientes, sin quejarse.
Así luce en su uniforme verde (por el color de la Esmeralda, y nombre de la gloriosa corbeta del combate de Iquique) de la 5° Compañía y que lleva el nombre de "Compañía Arturo Prat", situada al comienzo de la calle Nataniel, cerca de la entrada por la Alameda.
Comparte pues silencioso y junto a otros compañeros de su misma condición, los antiguos y nobles muros que el Museo destina para recordar permanentemente a sus mártires en el cumplimiento del deber.
Una breve referencia de la 5° Compañía "Bomba Arturo Prat", nos señala que fue creada por un puñado de jóvenes idealistas por allá en diciembre de 1873, y sabido el resultado de la gesta de Iquique, la bautizaron con el nombre de su héroe máximo, Arturo Prat.
Pues bien, en esta honrosa entidad fue que mi tío demostró su nobleza, trabajo y disciplina cuando la puerta que lo llevó a las alturas del trabajo bien hecho y el deber cumplido con generosidad y honor, le permitieron el paso a su inmortalidad en el recuerdo de los hombres.
Podemos ver abajo una imagen que nos muestra la actitud de alerta desenfado y prestos a cumplir con una noble misión , a aquellos señeros idealistas que fundaron a "la quinta" en aquellos ya remotos días...
Con mi apariencia tal vez de extranjero, unas veces quizás de judío errante o incluso de pastor griego, cuando vago y camino por las calles de la ciudad, he tomado conciencia del monumento frente al cual la muchedumbre apurada o indiferente, ensimismada las más de las veces en interpretar las imágenes o símbolos que aparecen en las pantallas de sus fonos celulares de última generación, he tomado conciencia repito, del monumento al heroísmo y total humanidad del Bombero Voluntario de Chile que silencioso se yergue de forma humilde, algo escondido y para nada bien mantenido en la confluencia de las calles Sto. Domingo y Mosqueto, a breves pasos del costado del Museo de Bellas Artes en el Parque Forestal.
Pocas veces lo he visto con homenajes de flores u otros debido al reconocimiento agradecido de los conciudadanos; al contrario, antes había cerca de allí un templo a la bohemia donde sus fieles parroquianos se desaguaban después de una noche de jarana aprovechando lo oscuro y semiescondido del monumento del cual agrego una imagen.
De ahora en adelante, y con el camino señalado por mi pariente, cada vez que vea o veamos el paso acelerado de un carro bomba ululando fuerte rumbo a una emergencia, pensaré o pensaremos que lo hace así para espantar las emociones y el fuego potente dentro del corazón de cada uno de ellos, que los abrasa y los quema en función del llamado del deber...






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